dimecres, 30 d’abril del 2014

Leviatán

Paul Auster
Leviatán
Barcelona: Anagrama, 2000
(1a ed.: Leviathan; New York: 1992)



«Fanny era equilibrada, sedentaria, gatuna en su forma de habitar su cuerpo»

«Después de ese almuerzo, yo ya no sabía qué creer. Fanny me había dicho una cosa, Sachs me había dicho otra, y en cuanto aceptase una historia, tendría que rechazar la otra. No había ninguna alternativa. Me habían presentado dos versiones de la verdad, dos realidades separadas y distintas, y por mucho que empujara, nunca podría juntarlas. Me daba cuenta de eso y, sin embargo, al mismo tiempo comprendía que ambas historias me habían convencido. En la ciénaga de pesar y confusión en la que estuve hundido durante los meses siguientes, vacilaba entre una y otra. No creo que fuese una cuestión de lealtades divididas (aunque puede que eso formase parte del asunto) sino más bien una certeza que tanto Fanny como Ben me habían dicho la verdad. La verdad tal y como ellos la veían quizá, pero, no obstante, la verdad. Ninguno de los dos se había propuesto engañarme; ninguno de los dos había mentido intencionadamente. En otras palabras, no había una verdad universal. Ni para ellos ni para nadie. No había nadie a quien culpar o defender, y la única respuesta justificable era la compasión» (p. 115)

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada