dilluns, 19 de novembre del 2018

Riquete el del Copete

Nothom, Amélie, Riquete el del Copete
(títol original: Riquet à la houppe, trad. Sergi Pàmies, 2016)




«A la esposa solía entristecerle no haber tenido hijos. Honorat la consolaba diciéndole:"Nosotros somos nuestros hijos"» [pàg. 11].

«-Nuestro hijo es inteligente -declaró ella.
»Tenía razón: la criatura poseía esa forma superior de inteligencia que deberíamos denominar "sentido del otro". La inteligencia clásica rara vez incluye esta virtud, comparable a la facilidad para los idiomas: los que la tienen saben que cada persona constituye un lenguaje específico y que es posible aprenderlo a condición de asimilarlo con la más extrema meticulosidad del corazón y de los sentidos. Esa es también la razón por la cual proviene de la inteligencia: se trata de comprender y conocer. Los inteligentes que no desarrollen este acceso al prójimo se convertirán, en el sentido etimológico del término, en idiotas: seres centrados en sí mismos. La época actual rebosa de idiotas inteligentes y la sociedad consigue que echemos de menos a los entrañables imbéciles de antaño» [pàg. 12].

«El sufrimiento y la injusticia siempre han existido. Con las mismas buenas intenciones que cimientan el infierno, la época moderna ha secretado atroces pomadas verbales que, en lugar de curar, extienden la superficie del mal y producen una especie de irritación permanente en la piel del desdichado. A su dolor se le añade una nube de mosquitos» [pàg. 23].

«La gente no es indiferente a la belleza extrema: la detesta a conciencia. A veces el muy feo puede despertar una ligera compasión; el muy guapo, en cambio, irrita sin piedad. La clave del éxito radica en una ligera belleza que no moleste a nadie» [pàg. 53].

«Al parecer los tesoros japoneses están concebidos para ser admirados en la oscuridad» [pàg. 61].

«[Mirar] Se trataba de observar fijamente cualquier objeto, preferentemente el más anodino, hasta que este revelaba su secreto. Para ella no existían cosas insignificantes, solo existían cosas que no habían sido observadas con el grado de profundidad necesario para hacer emerger su extrañeza» [pàg. 110].

dijous, 15 de novembre del 2018

El crimen del conde Neville

Nothom, Amélie, El crimen del conde Neville
(Títol original: Le crime du comte Neville, trad. Sergi Pàmies, 2015)



«- [...] Me pregunto si se interesa usted lo suficiente por sus vivencias.
»Esta última palabra impactó al conde como si de una bofetada se tratara. No era la primera vez que se lo decían. De unos años a esta parte, y por oscuras razones, la gente ya no se conformaba con los términos sentimientos, sensaciones o impresiones, que no obstante seguían cumpliendo perfectamente su función. Además la gente debía tener vivencias. Neville era alérgico a este vocablo tan ridículo como pretencioso» [pàgs. 9-10].

«"¿Por qué inventar el infierno cuando existe el insomnio?", se preguntaba el conde» [pàg. 39].

«A los ocho años, Henri le había hecho una pregunta terrible a su padre. No era: "¿Los Reyes Magos son los padres?". Tampoco era: "¿Cómo se hacen los niños?". Era mucho más grave: "Papá, ¿qué quiere decir ser noble?". 
[...]
»- Ser noble, hijo mío, no significa tener más derechos que los demás. Significa que tienes muchos más deberes» [pàgs. 62-63].

«Existe una frontera temporal, tanto más enorme por cuanto no es oficial, que divide la humanidad en dos especies que bien podrían no comprenderse jamás. Arbitrariamente, situémosla en 1975, aun siendo conscientes de la extrema variabilidad de esta fecha en función de los países y de los entornos. Se trata de la línea que separa a los niños nacidos para seducir de los niños nacidos para ser seducidos.
»Los niños del mundo antiguo sólo tenían derecho a una cuota mínima de atención y afecto, salvo si se esforzaban en seducir a sus padres; los niños modernos, en cambio, eran, desde el mismo momento de nacer, objetos de un intento de seducción por parte de sus padres, que tenían derecho únicamente a una cuota mínima de afecto. Fue una revolución de puntos de vista: los niños, que en el mundo antiguo sólo eran un medio, se habían convertido en un fin en sí mismos, en el objetivo soberano» [pàgs. 64-65].


dilluns, 12 de novembre del 2018

Patria

Aramburu, Fernando, Patria
(2016)



«Lo veo como una pérdida de tiempo. Me han hecho tanto daño que no me pueden cerrar ninguna herida. Todo mi cuerpo es una herida. No creo que te lo tenga que explicar. Y si al final me quedara una cicatriz, sería como la de quien se quemó por completo. Yo entera sería una cicatriz» [pàg. 130].

«¿Cuándo, dónde? Si se lo propusiera, podría ponerle fecha. Todos los hechos de su vida han ocurrido a una determinada distancia temporal del asesinato de su padre. Terminó la carrera siete años antes de, participó en aquel congreso de cirugía cardiovascular en Múnich nueve años después de. Igual que los hechos históricos en relación con el nacimiento de Jesucristo» [pàg. 296].

«- Algún día no muy lejano pocos recordarán lo que pasó.
»- No te hagas mala sangre, hermano. Es ley de vida. Al final, siempre gana el olvido.
»- Pero nosotros no tenemos por qué ser sus cómplices» [pàg. 555].

«Constató: pedir perdón exige más valentía que disparar un arma, que accionar una bomba. Eso lo hace cualquiera. Basta con ser joven, crédulo y tener la sangre caliente» [pàg. 628].