dissabte, 29 d’octubre del 2016

La llei del menor

MCEWAN, IAN, La llei del menor; Barcelona, Anagrama, 2016.

(Títol original: The Children Act, 2014)


«- Hem rebut una trucada de l’advocat de l’hospital Edith Cavell de Wandsworth. Necessiten practicar una transfusió urgent a un pacient de càncer, un noi de disset anys. Tant ell com els seus pares s’hi oposen. I a l’hospital li agradaria...
»- Per què s’hi oposen?
»- Són testimonis de Jehovà, senyoria.
»- D’acord». (pàg. 42)

«Semblava impossible que la persona que coneixia més a fons pogués arribar a ser tan cruel» (pàg. 90).

dissabte, 3 de setembre del 2016

CUCARACHAS

NESBØ, JO, CucarachasBarcelona, Penguin Random House, 2016.
[Títol original: Kakerlakkene, 1998]


«-Tal vez todas las caras tailandesas le parezcan iguales.
»Harry se disponía a contestar cuando vió la sonrisita sarcástica en los labios de Nho.
»- De acuerdo. ¿Me está intentando decir que para ustedes todos los blancos parecen iguales?
»- Pues no. Distinguimos entre Arnold Schwarzenegger y Pamela Anderson.
»Harry descubrió los dientes. Le había caído bien aquel joven policía». (pàg. 68)

«Había leído que existen más de tres mil especies de cucarachas. También había leído que se esconden cuando notan las vibraciones de alguien que se acerca y que, por cada cucaracha que se ve, diez se han escapado ya. Lo cual significaba que estaban por todas partes». (pàg. 98)

«- Gracias, Oddgeir. Por cierto, ya he dejado la botella.
»- Ah. ¿Cuántos días hace?
»- Ochenta horas.
»- ¿Es duro?
»- Bueno. Al menos los monstruos siguen debajo de la cama. Pensé que iba a ser peor.
»- Esto sólo acaba de empezar, recuerda que vas a tener días malos.
»- ¿Los hay de otro tipo?». (pàg. 128)

«- A propósito de excesos. Usted mismo ha tenido los suyos, ¿verdad, inspector? Veo que anda un poco cojo.
»- Mi exagerada fe en el arte de la conversación occidental. Ya se me pasará.
»- ¿Cuál de las dos? ¿La fe o la lesión?». (pàg. 131)


diumenge, 28 d’agost del 2016

EL MURCIÉLAGO

NESBØ, JO, El murciélago; Barcelona, Penguin Random House, 2016.
[Títol original: Flaggermussmannen, 1997]



«-¿Feria agraria? Tengo una cita esta noche, Andrew.
»- ¿Ah, sí? Con Miss Suecia, supongo… Relájate, acabaremos enseguida. Por cierto, supongo que, como representante de la autoridad, conoces las consecuencias de iniciar una relación íntima con un testigo presencial.
»- Lógicamente, la cena forma parte de la investigación. No hace falta decirlo. Surgirán preguntas importantes.
»- Por supuesto». (pàg. 47)

«-Cada vez que resuelves un caso de asesinato te haces un poco de daño. Por desgracia, en general hay más miseria humana e historias tristes que móviles maliciosos de lo que cualquiera imaginaría al leer las novelas de Agatha Christie. Al principio me consideraba un caballero justiciero, en cambio ahora hay ocasiones en que me siento más como un basurero. Los asesinos suelen ser tipos miserables y resulta fácil encontrar al menos diez razones que les han llevado a ser como son. En general, el sentimiento que acaba embargándote es la frustración. Frustración por el hecho de que no se contentan con destruir su propia vida, sino que tienen que llevarse por delante a los demás en su caída». (pàg. 61)

«¿Tenía perturbadas las facultades del alma, una expresión típicamente noruega? ¿En otras partes del mundo los tribunales juzgaban la calidad del alma?» (pàg. 78)

«-Narahdarn –repitió Yong-. El símbolo de la muerte de los aborígenes, el murciélago». (pàg. 199)

dimecres, 24 d’agost del 2016

LA VELOCIDAD DE LAS COSAS

FRESÁN, RODRIGO, La velocidad de las cosas; Barcelona, Mondadori, 2012.
[1a Edició 1998]


«Mientras que Mantra relata el modo en que los muertos contemplan a los vivos, La velocidad de las cosas se ocupa de la manera en que los vivos intuyen a los muertos». (pàg. 10)

«O nuestras vidas se convierten en historias, o no habrá manera de darles algún sentido [Douglas Coupland]». (pàg. 15)

«He comprendido, no sin algo de esfuerzo y con bastante sorpresa, que en el fondo y en la superficie de todas las historias existen tan solo dos categorías de escritores y, por lo tanto, dos categorías de lectores.
»Están aquellos que al final de un cuento suspiran ¿Por qué no se me habrá ocurrido a mí? Y están los que optan por sonreír ¡Qué suerte que se le ocurrió a alguien!» (pàg. 17)

«Cuando alguien le pregunta a Hilda con voz meliflua qué es lo que quiere ser cuando sea grande, Hilda toma aire y contesta sin dudarlo, con el ceño fruncido y con la rapidez de quien está diciendo una palabra muy larga y no quiere caer en el hueco de sus vocales o engancharse en las espinas de sus consonantes.
»“Cuando sea grande quiero ser la persona que descubra pruebas irrefutables de vida inteligente en otros planetas”, contesta Hilda.
»Y la persona que hizo la pregunta dice “Qué simpática” cuando en realidad piensa “Qué rara”». (pàg. 49)

«Hilda sonríe y se cuelga del brazo de Daniel y piensa que lo quiere mucho sin entender muy bien por qué y le da algo de miedo pensar que el amor sea eso: algo que no se entiende y que se disfruta mientras se lo tiene sin hacer preguntas ni exigir respuestas, algo casi extraterrestre». (pàg. 72)

«[…] mi padre se presentó con un pequeño televisor bajo el brazo. Blanco y negro y nadie se atrevió a preguntarle de dónde lo había sacado por temor a la respuesta. Me acuerdo que nos pasamos varias horas sentados frente a él y me acuerdo que mi padre dejó escapar un suspiro largo y triste como la noche que se nos venía encima antes de decir “Pero qué lindo sería si tuviéramos electricidad, ¿no?”». (pàg. 74).

«“La mierda que lanzamos al mundo viene de lo más profundo de nosotros. Tiene que haber algún mensaje ahí. El culo nos habla, el problema está en que nosotros llevamos siglos negándonos a escucharlo”, justificaba la Montaña García sólo en el círculo más íntimo de sus amistades». (pàg. 262).

«Dicen que toda la verdadera sabiduría y utilidad del psicoanálisis se reduce a esto: si uno puede llegar a llevarse bien con su psicoanalista puede llevarse bien con cualquiera. A veces lleva años». (pàg. 287).

«La felicidad –a diferencia del pesar que es uniforme y que se presenta siempre con el mismo traje más allá de las circunstancias- se manifiesta de maneras diferentes y, a menudo, difíciles de precisar y reconocer. Uno puede comprender y sentirse identificado con la tragedia de otros, pero rara vez con su alegría; porque aquello que nos hace felices es lo que siempre nos diferencia y nos separa de los demás». (pàg. 327).

«Cuando conocemos a alguien a quien intuimos como especial, siempre cometemos el error de mostrar primero las habitaciones mal ventiladas de nuestro pasado en lugar de iniciar la visita guiada abriendo las puertas bien aceitadas de nuestro presente, esas con vista a nuestro hipotético futuro en común. Confiamos más en lo que ocurrió que en lo que nos está ocurriendo y así –sintiéndonos más seguros en el recuento de lo inalterable, en la supuesta gracia de nuestros greatest hits anecdóticos- perdemos el tiempo caminando de espaldas y tiñendo de sepia los colores brillantes del aquí y ahora». (pàgs. 374-375).

«Le dijo: “Yo pienso que la mayoría de las personas van por sus vidas temiendo experimentar una experiencia traumática. Los freaks, en cambio, nacen con su trauma. Son aristócratas. Yo los fotografío del mismo modo que los artistas de las antiguas cortes europeas pintaban a la nobleza y a los reyes”». (pàg. 418).

dissabte, 30 de juliol del 2016

ESCOLTA LA CANÇÓ DEL VENT/ PINBALL 1973

MURAKAMI, HARUKI, Escolta la cançó del vent. Pinball 1973; Barcelona, Empúries, 2015
[Títol original: Kaze no uta kike (1979)/ 1973 Nen no pinbõru (1980)]




El naixement de les novel·les de la taula de la cuina. Introducció a dues novel·les curtes

«La majoria de la gent –em refereixo a la majoria de les persones que formen part de la societat japonesa- estudia una carrera, després troba una feina i finalment, al cap d’un quant temps, es casa. [...] En realitat, però, primer de tot em vaig casar, després vaig començar a treballar i finalment (d’alguna manera) vaig acabar la carrera. És a dir, que ho vaig fer tot seguint l’ordre invers del que és habitual». (pàg. 9)

«A la segona part de la primera entrada, Hilton va picar el primer llançament de Sotokoba cap a l’esquerra del mig camp i va cobrir dues bases. L’agradable soroll del bat impactant amb la pilota va ressonar per tot l’estadi. Al meu voltant es van sentir uns quants aplaudiments. I, en aquell precís instant, sense que hi hagués cap motiu ni cap fonament, vaig pensar: “Ja ho tinc, potser puc escriure una novel·la”». (pàg. 13).

Escolta la cançó del vent

«Trobar sentit a la vida és molt més fàcil que no pas viure-la». (pàg. 29)

«Per crear art de debò és imprescindible l’esclavatge. A l’antiga Grècia, els esclaus conreaven els camps, cuinaven i remaven a les galeres, i , mentrestant, els ciutadans podien dedicar-se a escriure poesia o a resoldre problemes matemàtics sota el sol de la Mediterrània. L’art és això». (pàg. 30)

«- No em pensava que faria tanta calor –va dir- . Sembla l’infern.
-   A l’infern hi fa més calor.
-   Ho dius com si hi haguessis estat.
-   M’ho va explicar algú. Es veu que ho van escalfant i, quan estàs a punt de parar boig, et posen en un lloc més fresc. Llavors, quan et refàs una mica, et tornen allà on eres.
-   O sigui que és com una sauna.
-   Més o menys. Però n’hi ha que es tornen bojos i ja no tornen al lloc.
-   I què els passa?
-   Els envien al cel, on els obliguen a pintar les parets. Les parets del cel han d’estar sempre ben blanques. No pot haver-hi una taca. Donaria mala imatge. I, de tant pintar cada dia, els queda el sistema respiratori destrossat». (pàg. 82).

«Va haver-hi una època en què tothom volia ser cool.
Poc abans d’acabar l’institut, vaig decidir que només diria la meitat del que pensava. No recordo per què ho vaig fer, però durant uns quants anys vaig posar en pràctica aquella idea. Fins que un dia vaig descobrir que m’havia convertit en una persona incapaç de dir més de la meitat de les coses que pensava.
No sé quina relació té això amb ser cool. Però si una d’aquelles neveres velles que cal descongelar uns quants cops l’any és cool, llavors jo també ho era». (pàg. 100)

«Seguint la voluntat expressada al seu testament, a la seva làpida hi ha aquesta citació de Nietzsche: “Com es pot comprendre a la llum del dia la profunditat de la foscor?”» (pàg. 131)

Pinball 1973

«Tenia una afició malaltissa a escoltar històries de llocs que no coneixia.
Durant una època, ja fa ben bé deu anys, anava voltant per pescar persones que m’expliquessin coses del lloc on havien nascut i on s’havien fet grans». (pàg. 139)

«Setembre de 1973, aquí és quan comença aquesta història. Això és l’entrada. Tant de bo hi hagi una sortida. Si no n’hi ha, escriure no tindrà cap sentit». (pàg. 156).

«Tots teníem una pila de problemes. Ens queien del cel com la pluja, i nosaltres fèiem tot el que podíem per arreplegar-los i omplir-nos-en les butxaques. Encara ara no entenc per què ho fèiem. Potser ens pensàvem que eren una altra cosa». (pàg. 184-185)

«Sempre acabava els encàrrecs dins el termini previst, i els feia de la manera més honesta possible. Segur que a Auschwitz m’haurien valorat molt». (pàg. 221).

«Des de la Segona Guerra Mundial fins a la Guerra de Corea es van dedicar bàsicament a la fabricació de mecanismes per a les bodegues dels bombarders, però quan la Guerra de Corea es va aturar van aprofitar l’ocasió per introduir-se en un altre camp: el de les màquines de pinball, de bingo, les escurabutxaques, els jukebox, les màquines de crispetes... és a dir, el que es coneix com indústria de pau. La primera màquina de pinball que van fabricar data de l’any 1952». (pàg. 240).

dissabte, 2 de juliol del 2016

Operació Caramel

McEwan, Ian, Operació Caramel
(Trad. Albert Torrescasana)
Barcelona, Empúries Anagrama, 2013
(Títol Original: Sweet Tooth, 2012)


«Em dic Seren Frome (que rima amb plume) i fa gairebé quaranta anys el servei secret britànic em va encarregar una missió. No en vaig tornar il·lesa. Al cap d'un any i mig ja m'havien acomiadat i, de passada, havia quedat en ridícul i havia ensorrat el meu amant, tot i que ell també va contribuir a la seva ruïna». (pàg. 11).

«Però el que jo no havia copsat de la meva mare era que, enterrada sota aquella aparença convencional, creixia la llavor menuda i tenaç d'una feminista. Estic convençuda que la paraula no va sortir mai dels seus llavis, però el fet era el mateix. La seva seguretat m'espantava. Va dir que la meva obligació com a dona era anar a Cambridge a estudiar matemàtiques. Com a dona?» (pàg. 13).

«Em vaig posar còmoda a la butaca, vaig inclinar el llum de lectura nou i vaig agafar el punt de la sort. Tenia un llapis a la mà, com si em preparés per a una classe. El somni s'havia fet realitat: estudiava literatura, i no matemàtiques. M'havia deslliurat de les ambicions maternes». (pàg. 110).

«Tot allò m'hauria d'haver emocionat més del que ho va fer; la vida quotidiana m'hauria d'haver semblat més apassionant. La civilització estava amenaçada per una guerra nuclear i jo m'amoïnava per un desconegut que m'havia acariciat el palmell amb el dit gros. Solipsisme colossal» (pàg. 173).

«En aquell moment, una mica beguda, vaig pensar que no havia vist mai cap home tan atractiu. Fins i tot li vaig perdonar la camisa de pirata feta a mida. L'amor no creix a un ritme constant, sinó que avança a força de rampells, de llampecs i salts esbojarrats, i ara era un d'aquells moments». (pàg. 213).



dissabte, 30 d’abril del 2016

Memorias de Adriano

Yourcenar, Marguerite, Memorias de Adriano
(Trad. de Julio Cortázar)
Barcelona, Edhasa, 2015
(Títol original: Mémoires d'Hadrien, 1951)


«Es difícil seguir siendo emperador ante un médico, y también es difícil guardar la calidad de hombre». (pàg. 11)

«El hombre que no duerme -y demasiadas ocasiones tengo de comprobarlo en mí desde hace meses- se rehúsa con mayor o menor conciencia a confiar en el flujo de las cosas». (pàg. 29)

«Los historiadores nos proponen sistemas demasiado completos del pasado, series de causas y efectos harto exactas y claras como para que hayan sido alguna vez verdaderas; reordenan esa dócil materia muerta» (pàgs. 31-32)

«No soy de los que afirman que sus acciones no se les parecen. Muy al contrario, pues ellas son mi única medida, el único medio de grabarme en la memoria de los hombres y aun en la mía propia; [...] Pero entre yo y los actos que me constituyen existe un hiato indefinible. La prueba está en que sin cesar siento la necesidad de pensarlos, explicarlos, justifcarlos ante mí mismo». (pàg. 35)

«Casi todo lo que los hombres han dicho de mejor lo han dicho en griego». (pàg. 45)

«Tengo que confesar que creo poco en las leyes. Si son demasiado duras, se las transgrede con razón. Si son demasiado complicadas, el ingenio humano encuentra fácilmente el modo de deslizarse entre las mallas de esa red tan frágil. [...] Cambian menos rápidamente que las costumbres; peligrosas cuando quedan a la zaga de éstas, lo son aún más cuando pretenden precederlas. [...] Toda ley demasiado transgredida es mala; corresponde al legislador abrogarla o cambiarla, a fin de que el desprecio en que ha caído esa ordenanza insensata no se extienda a leyes más justas». (pàgs 130-131).

«Los pueblos han perecido hasta ahora por falta de generosidad» (pàg. 132)

«Dudo que toda la filosofía de este mundo consiga suprimir la esclavitud; a lo sumo le cambiarán el nombre. Soy capaz de imaginar formas de servidumbre peores que las nuestras, por más insidiosas, sea que se logre transformar a los hombres en máquinas estúpidas y satisfechas, creídas de su libertad en pleno sometimiento, sea que, suprimiendo los ocios y placeres humanos, se fomente en ellos un gusto por el trabajo tan violento como la pasión de la guerra entre las razas bárbaras». (pàg. 132)

«A cada uno su senda; y también su meta, su ambición si se quiere, su gusto más secreto y más claro ideal. El mío estaba encerrado en la palabra belleza, tan difícil de definir a pesar de todas las evidencias de los sentidos y los ojos. Me sentía responsable de la belleza del mundo». (pàg. 153)

«Antínoo era griego [...]. Aquel hermoso lebrel ávido de caricias y de órdenes se tendió sobre mi vida. Yo admiraba esa indiferencia casi altanera para todo lo que no fuese su delicia o su culto». (pàg. 174-175)

«No sabía que el dolor contiene extraños laberintos por los cuales no había terminado de andar» (pàg. 225)

«Mi curiosidad llegó al punto de pedir a Flegón que reuniera noticias sobre la vida del joven profeta Jesús, fundador de la secta, que murió víctima de la intolerancia judía hace unos cien años. Aquel joven sabio parece haber dejado preceptos muy parecidos a los de Orfeo, con quien suelen compararlo sus discípulos». (pàg. 245)

«Platón había escrito La República y glorificado la idea de lo Justo, pero sólo nosotros, instruidos por nuestros propios errores, nos esforzábamos penosamente por hacer del Estado una máquina capaz de servir a los hombres, con el menor riesgo posible de triturarlos. Griega es la palabra filantropía, pero el legista Salvio Juliano y yo trabajamos para mejorar la miserable condición del esclavo». (pàg. 249)

«Suelo pensar en la hermosa inscripción que Plotina había hecho grabar en el umbral de la biblioteca creada por sus afanes en pleno foro de Trajano: Hospital del alma». (pàg. 253)

«Ningún pueblo, salvo Israel, tiene la arrogancia de encerrar toda la verdad en los estrechos límites de una sola concepción divina, insultando así la multiplicidad del Dios que todo lo contiene; ningún otro dios ha inspirado a sus adoradores el desprecio y el odio hacia los que ruegan en altares diferentes. Por eso, más que nunca, quería hacer de Jerusalén una ciudad como las demás, donde diversas razas y diversos cultos pudieran existir pacíficamente; olvidaba que en todo combate entre el fanatismo y el sentido común, pocas veces logra este último imponerse». (pàg. 260)



dimecres, 9 de març del 2016

Los perros negros

McEwan, Ian, Los perros negros
Barcelona, Anagrama, 1993
(Títol original Black Dogs, 1992)



«Debería haber aprendido de mi experiencia con Sally que la forma más sencilla de recuperar a un padre perdido es convertirse en padre uno mismo» (pàg. 22)

«No sabría decir si los perros negros de June debería considerarse un símbolo potente, una frase cómoda, una prueba de su credulidad, o una manifestación de un poder que realmente existe. En estas memorias he incluido ciertos incidentes de mi propia vida -en Berlín, Majdanek, Les Salces y Saint Maurice de Navacelles- que estan abiertos por igual a las dos clases de interpretaciones, a la de Bernard y a la de June. Racionalista y mística, comisario y yogui, el que se afilia y la que se abstiene, el científico y la intuitiva, Bernard y June son los extremos, los polos gemelos a lo largo de cuyo resbaladizo eje se desliza y nunca llega a descansar mi propia incredulidad.» (pàg. 24)

«- Como las mejores peleas, ésta pasó rápidamente de lo particular a lo general. Mi actitud hacia aquel pobre bicho era típica de mi actitud hacia la mayoría de las cosas, incluyéndola a ella. Yo era frío, teórico, arrogante. Nunca mostraba ninguna emoción y le impedía a ella mostrarlas. Se sentía vigilada, analizada, se sentía parte de mi colección de insectos.» (pàg. 93).

«Pero te vas quedando. Piensas que las ideas son buenas pero que la gente que está al mando es inadecuada y que eso cambiará. Y cómo puedes dejar que toda esta buena obra se pierda. Te dices que siempre supimos que sería difícil y que la práctica todavía no está a la altura de la teoría y que todo eso lleva tiempo. Te dices que la mayor parte de lo que oyes son calumnias de la Guerra Fría.» (pàg. 109).

«Compartimos el planeta con criaturas tan extrañas y tan ajenas a nosotros como cualquiera de las que podamos imaginar en el espacio. Pero les damos nombres y dejamos de verlas, o su tamaño nos impide mirarlas.» (pàg. 180).

«Tuvo la impresión de que la guerra recientemente concluida no era un hecho histórico y geopolítico, sino una multiplicidad, casi una infinidad de penas privadas, un dolor ilimitado subdividido sin merma en partes diminutas repartidas entre individuos que cubrían el continente como polvo, como esporas cuyas identidades separadas permanecerían ignoradas y cuya totalidad revelaba más tristeza de la que nadie podría llegar a comprender nunca.» (pàg. 199).


diumenge, 10 de gener del 2016

Emma

Austen, Jane, Emma
Wordsworth Classics, London, 2000
(1a ed. 1815)

«Poor Mr. Elton! You like Mr. Elton, papa; I must look about for a wife for him». (pàg. 8)

«I have none of the usual inducements of women to marry. Were I to fall in love, indeed, it would be a different thing; but I never have been in love; it is not my way, or my nature; and I do not think I ever shall. And, without love, I am sure I should be a fool to change such a situation as mine». (pàg. 67). 

«It may be possible to do without dancing entirely. Instances have been known of young people passng many, may months successively without being at any ball of any description, and no material injury accrue either to body or mind; but when a beggining is made - when the felicities of rapid motion have once been, though slightly, felt -it must be a very heavy set that does no ask for more». (pàg. 197)

«"There is no charm equal to tenderness of heart" said she afterwards to herself. "There is nothing to be compared to it. Warmth and tenderness of heart, with an affectionate, open manner, will beat all the clearness of head in the world, for attraction: I am sure it will». (pàg. 214).