NESBØ, JO, El murciélago; Barcelona, Penguin Random House, 2016.
[Títol original: Flaggermussmannen, 1997]
«-¿Feria agraria? Tengo una cita esta noche, Andrew.
»- ¿Ah, sí? Con Miss Suecia, supongo… Relájate, acabaremos enseguida.
Por cierto, supongo que, como representante de la autoridad, conoces las
consecuencias de iniciar una relación íntima con un testigo presencial.
»- Lógicamente, la cena forma parte de la investigación. No hace falta
decirlo. Surgirán preguntas importantes.
»- Por supuesto». (pàg. 47)
«-Cada vez que resuelves un caso
de asesinato te haces un poco de daño. Por desgracia, en general hay más
miseria humana e historias tristes que móviles maliciosos de lo que cualquiera
imaginaría al leer las novelas de Agatha Christie. Al principio me consideraba
un caballero justiciero, en cambio ahora hay ocasiones en que me siento más
como un basurero. Los asesinos suelen ser tipos miserables y resulta fácil
encontrar al menos diez razones que les han llevado a ser como son. En general,
el sentimiento que acaba embargándote es la frustración. Frustración por el
hecho de que no se contentan con destruir su propia vida, sino que tienen que
llevarse por delante a los demás en su caída». (pàg. 61)
«¿Tenía perturbadas las
facultades del alma, una expresión típicamente noruega? ¿En otras partes del
mundo los tribunales juzgaban la calidad del alma?» (pàg. 78)
«-Narahdarn –repitió Yong-. El
símbolo de la muerte de los aborígenes, el murciélago». (pàg. 199)

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