Foenkinos, David, La biblioteca de los libros rechazados
(títol original: Le Mystère Henri Pick, trad. M.T. Gallego Urrutia i A.García Gallego, 2017).
Extensió virtual de memòries precàries que es resisteixen a deixar escapar experiències viscudes a través de la lectura
Foenkinos, David, La biblioteca de los libros rechazados
(títol original: Le Mystère Henri Pick, trad. M.T. Gallego Urrutia i A.García Gallego, 2017).
Martín Gaite, Carmen, Lo raro es vivir
(1a ed. 1996)
《Hay veces en que lo normal pasa a extraordinario así por las buenas y lo notamos sin saber cómo. De entre la sucesión no contabilizada de gestos, movimientos y vislumbres que van engrosando la masa amorfa de lo cotidiano, se separa de los demás uno de ellos, aparentemente insignificante, y salta como la nota discorde de un pentagrama, se queda resonando por el aire con un zumbido de moscardón, qué pasa, ha habido una avería o esto significa el comienzo de algo nuevo, nos miramos las manos, las rodillas, qué es lo que se a transformado, hacia dónde enfocar la atención, no sé. Y sobreviene el miedo o la parálisis》[pàg. 11].
《Es que todo es muy raro, en cuanto te fijas un poco. Lo raro es vivir. Que estemos aquí sentados, que hablemos y se nos oiga, poner una frase detrás de otra sin mirar ningún libro, que no nos duela nada, que lo que bebemos entre por el camino que es y sepa cuándo tiene que torcer, que nos alimente el aire y a otros ya no, que según el antojo de las vísceras nos den ganas de hacer una cosa o la contraria y que de esas ganas dependa a lo mejor el destino, es mucho a la vez, tú, no se abarca, y lo más raro es que lo encontramos normal》[pàg. 73].
《Me marché de allí sin volver la cabeza. "El secreto de la felicidad está en no insistir", iba diciendo Gran Vía abajo; creo que es una cita de Gregorio Martínez Sierra, un autor que por lo visto le gustaba a mi abuelo, mi madre se había enterado de que a Don Gregorio las obras se las escribía su mujer, María, pero no quería decírselo al abuelo para que no se disgustara, otra punta de iceberg, quedaba pendiente la visita al abuelo ...》[pàg. 133].
《Pero no tenía la culpa sólo ella. Culpas no hay, además, sólo causas.
》-A veces pienso -reflexioné en voz alta- que se miente por incapacidad de pedir a gritos que los demás acepten como eres. Cuando te resistes a confesar el desamparo de tu vida, ya te estás disfrazando de otra cosa, le coges el tranquillo al invento y de ahí en adelante es el puro extravío, no paras de dar tumbos con la careta puesta, alejándote del camino que podría llevarte a saber quién eres》[pàg. 149].
《Decía "por ahora" de una forma maquinal y poco convincente, como pulsando un interruptor que oscurecía sus palabras más que iluminarlas, la mentira y el deterioro se suelen colar a través de los adverbios de tiempo》[pàg. 187].
Nesbø, Jo, La Sed
(títol original: Tørst, 2019, trad. Lotte Katrine Tollefsen)
《Harry corría. No le gustaba correr. Por lo visto había gente que corría porque le gustaba. A Haruki Murakami le gustaba. A Harry le gustaban los libros de Murakami, salvo el que trataba sobre correr, ese no lo había terminado. Harry corría porque le gustaba parar. Le gustaba la sensación de haber corrido》[pàg. 130].
《Rieron. Y resultó absurdo. Rieron y hablaron de la vida inminente en lugar de la muerte inminente. Porque la vida es mágica y la muerte trivial》[pàg. 558].
La crida del bosc
Buck remarcava la desaparició de la seva honradesa, cosa inútil i enutjosa en l'aspra lluita per l'existència; per altra part, no robava per gust, sinó per necessitat, en secret i hàbilment, per por al bastó i a les dents. (p. 28)
No fou l'experiència el seu únic mestre, car instints adormits es despertaren en ell, i perdia a poc a poc la civilització de les generacions domesticades. (p. 28)
Buck, associant-se a aquesta queixa, barrejant fraternalment la seva veu als sanglots dels gossos mig feres, saltava d'un bot a l'abisme dels segles i retornava als seus avis, tocant al mateix origen de les coses... (p. 41)
Bèstia primitiva que, havent matat, fruïa de la mort per ell donada. (p. 45)
Els mancava totalment la meravellosa paciència pròpia dels homes d'aquells climes, els quals, tot patint durament, sabien restar compassius, dolços i humils de cor. (p. 65)
En aquesta hora, més profunda, més misteriosa i també més pròxima, ressonava la Crida, la Veu que incessantment l'atreia, des del mateix fons de la naturalesa (p. 93)
Ningú sospitava la transformació que s'operà en Buck tan aviat com s'hagué endinsat en la solitud del bosc (p. 95)
Perec, Georges, La vida instrucciones de uso
(títol original: La Vie Mode d'Emploi, 1978, trad. Josep Escué).
《Al principio el arte del puzzle parece un arte breve, un arte de poca entidad, contenido todo él en una elemental enseñanza de la Gestalttheorie: el objecto considerado -ya se trate de un acto de percepción, de aprendizaje, un sistema fisiológico o, en el caso que nos ocupa, un puzzle de madera- no es una suma de elementos que haya que aislar y analizar primero, sino un conjunto, es decir, una forma, una estructura: el elemento no preexiste al conjunto, no es ni más inmediato ni mas antiguo, no son los elementos los que determinan el conjunto, sino el conjunto el que determina los elementos: el conocimiento del todo y de sus leyes, del conjunto y su estructura, no se puede deducir del conocimiento separado de las partes que lo componen: esto significa que podemos estar mirando una pieza de un puzzle tres días seguidos y creer que lo sabemos todo de su configuración y de su color, sin haber progresado lo más mínimo: sólo cuenta la posibilidad de relacionar esta pieza con otras y, en este sentido, hay algo común entre el arte del puzzle y el arte del go; sólo las piezas que se hayan juntado cobrarán un carácter legible, cobrarán un sentido: considerada aisladamente una pieza de un puzzle no quiere decir nada; es tan sólo una pregunta imposible, reto opaco》[pàgs. 13 i 235].
MONTERO, ROSA, La Hija del Caníbal
Madrid, Espasa Calpe, 1998
«aunque supongo que en realidad eso es lo que hacemos todos, reordenar y reinventar constantemente nuestro pasado, la narración de nuestra biografía. Hay quien cree que la música es el arte más básico, y que desde el principio de los tiempos y la primera cueva que habitó el ser humano hubo una criatura que batió las palmas o golpeó dos piedras para crear ritmo. Pero yo estoy convencida de que el arte primordial es el narrativo, porque, para poder ser, los humanos tenemos previamente que contar. La identidad no es más que el relato que nos hacemos de nosotros mismos» [pàg. 17].
«Ignoro de qué sustancia extraordinaria está confeccionada la identidad, pero es un tejido discontinuo que zurcimos a fuerza de voluntad y de memoria. ¿Quién fue, por ejemplo, la niña que yo fui? ¿Dónde se ha quedado, qué pensaría de mí si ahora me viera?
»Tampoco mi cuerpo sigue siendo el mismo: no sé dónde leí que cada siete años renovamos todas las células de nuestro organismo. Así es que ni siquiera mis huesos, de los que hubiera esperado cierta contumacia y continuidad, son presencias fiables en el tiempo. Desde el astrálago del pie al diminuto estribo del oído, todos esos huesecillos y huesazos han ido mutando con las décadas. Nada hay hoy en mí que sea igual a la Lucía de hace veinte años. Nada, salvo el empeño de creerme la misma. Esa voluntad de ser es lo que los burócratas llaman identidad; o lo que los creyentes llaman alma. Yo me imagino a la pobre alma como una sombra flojamente entretejida en el vapor de una tela de araña; y esa sombra se aferraría con dedos transparentes a las células vertiginosas de la carne (células veloces que mueren y que nacen a toda prisa) intentado mantener la continuidad, de igual manera que una vasija, puesta debajo de un grifo y rebosante de agua, impone en el líquido una misma forma, aunque el agua que contenga sea siempre distinta. O sea que, bien mirados, los humanos no somos otra cosa que una especie de botijos rebosantes. Gracias a los desvelos de esa alma sombría, en fin, puedo decir ahora que este cuerpo mutante es mi cuerpo. Lo cual es un alivio y simplifica mucho las cosas a la hora de escribir en primera persona» [pàgs. 51-52].
«De aquella época recuerdo sobre todo eso, el hambre de vivir, la confianza. Y el tiempo, el tiempo tan lento, tan enorme, horas que parecían días y minutos que parecían horas. ¡Cuánto dura el tiempo en la niñez! Justo cuando no lo necesitas. Un desperdicio» [pàg. 167].
«Pero a mí el horrible espectáculo me había dejado sobrecogido, desfondado. Creo que fue entonces cuando empezó a flaquear mi fe en la felicidad histórica. Recuerdo que pensé: hemos perdido la revolución, vamos a perder la guerra. Y si ganamos, será como si la hubiéramos perdido.
»[...] Un superviviente de la columna Durruti me dio, muchos meses después, una carta que Buenaventura me había escrito y que no había podido llegar a enviar. [...] "La guerra es una porquería -escribía-; no sólo derriba casas, sino también los principios más elevados"» [pàg. 199].
«Todos esos frascos, frasquitos, botellones, tubos, estuches, cajas, pomos, tarros, ampollas, envases y botes eran la representación misma de mi vida. Al envejecer te ibas desintegrando, y los objetos, baratos sucedáneos del sujeto que fuiste, iban suplantado tu existencia cada vez más rota y fragmentada. Y déjame que te diga lo peor: no es sólo un problema de la carne. Así como la crema antiarrugas sustituye a unas mejillas naturalmente frescas, también un pensamiento tópico de segunda mano puede sustituir la curiosidad de la juventud, una rutina egocéntrica a un cariño primerizo y tembloroso, y un nuevo coche a las ganas de vivir. A medida que envejecemos nos vamos llenando de lugares comunes y de objetos, para cubrir los vacíos que se nos abren dentro» [pàg. 210].
«Somos sólo palabras, palabras que retumban en el éter -dijo Félix-. Palabras musitadas, gritadas, escupidas, palabras repetidas millones de veces o palabras apenas formuladas por bocas titubeantes. Yo no creo en el Más Allá, pero creo en las palabras. Todas las palabras que las personas hemos dicho desde el principio de los tiempos se han quedado dando vueltas por ahí, suspendidas en el magma del Universo. Esa es la eternidad: un estruendo inaudible de palabras» [pàg. 317].
«He aprendido mucho en los últimos meses. Ahora sé, por ejemplo, que las personas hemos de soportar una segunda pubertad alrededor de los cuarenta. Se trata de un período fronterizo tan claro y definido como el de la adolescencia; de hecho, ambas edades comparten unas vivencias muy parecidas. Como los cambios físicos: ese cuerpo que comienza a abultarse a los catorce años, esas carnes que comienzan a desplomarse a los cuarenta. O como la pérdida de la inocencia: si en la pubertad entierras la niñez, en la frontera de la edad madura entierras la juventud, es decir, vuelves a sentirte devastado por la revelación de lo real y pierdes los restos de candor que te quedaban. Ah, pero cómo, ¿la existencia era esto? ¿La decrepitud de los padres, el envejecimiento personal, el deterioro de las cosas, la insoportable pérdida? ¿Y además las traiciones, las mentiras, la corrupción, la indignidad, la fealdad universal e intrínseca?» [pàg. 326].
Binoculares
《Pero la frustración personal, o la incapacidad de soportarla, es un pecado capital para un científico, condenado casi al "ensayo-error". Eso lo ha sabido Dorothy siempre. Siempre ha sido consciente de de haberle dedicado mucho tiempo al error. [...] El caso es que -con el tiempo- cristaliza la verdad. Y créame, la verdad es una molécula altamente compleja》[pág. 259].
《Por orden de mi jefe, he comprado incluso los obsequios dobles: para la amante y para la esposa, por ejemplo. Así me lo han ordenado: "Que sean iguales, Sara; sobre todo, que sean iguales". Supongo que eso les facilitaba navegar por la mentira con menos riesgos, o quizás fuera una forma de demostrarse a sí mismos que las querían por igual: mismo nivel de engaño, mismo obsequio》[págs. 267-268].
《reitero que mi intención es dar las gracias a la comunidad científica por su trabajo, que nos ayuda a conservar la salud y preservar la vida. Solo deseo añadir que he pretendido también, resaltar el valor de una mujer, Dorothy Crowfoot, a quien dedico todas las páginas previas como el más sentido -humano- homenaje》[pág. 356].
Allen, Woody, A propòsit de no res. Autobiografia
[títol original: Apropos of Nothing, 2020, trad. Helena Lamuela]
[títol original: Leviathan, or The Whale, 2009, trad. Joan Eloi Roca]