Millás, Juan José, Papel Mojado
(Madrid, 2000)
«La miré a través del vaso, mientras tomaba el primer sorbo, y pensé que qué mayores nos habíamos hecho y qué inmaduros continuábamos. La nuestra fue una generación de indeseables que habrán de sufrir quienes nos sigan ¡Qué distancia insalvable entre lo que quisimos ser y lo que éramos! Lo grave, con todo, es que no carecimos de inteligencia, pero nos sobró orgullo o pereza» (pág. 124)
«-Por lo que he leído en su informe novelado, no parece que usted apreciara mucho a su amigo Luis María Ruiz.
»- Eso es un error -respondí sentándome a su lado-. Es cierto que manteníamos una relación de amor-odio, pero ése es el componente normal de todas las amistades fuertes. Lo que ocurre es que yo soy capaz de confesarlo y otros no.
»-¿Qué quiere decir? -preguntó de un modo que delataba cierto gusto por la conversación.
»-Quiero decir -respondí en un tono algo profesoral -que en toda relación donde el afecto se expone demasiado hay siempre una ambivalencia difícil de reconocer. La gente dice, por lo general, "quiero a fulano" o "detesto a menguano", como si el amor y el odio fueran sentimientos unívocos. Lo que se hace, en el primer caso, es negar la parte de odio que todo sentimiento amoroso conlleva. Lo que se niega, en el segundo, es el porcentaje de amor que comporta el odio» (pág. 178).
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