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dijous, 9 de juliol del 2026

Las deudas del cuerpo

 Ferrante, Elena, Las deudas del cuerpo

(títol original: Storia di chi si fugga e di chi resta, trad. Celia Filipetto, 2018)


"En aquella época de lluvias, la ciudad había vuelto a quebrarse, un edificio entero se había inclinado de lado como una persona que se apoya en el brazo de un viejo sillón y el brazo cede. Muertos, heridos. Y gritos, palizas, cartas bomba. Era como si la ciudad guardase en sus vísceras una furia que no conseguía salir y por eso la erosionaba, o estallaba en pústulas en la superficie, henchidas de veneno contra todas, niños, adultos, ancianos. gente de otras ciudades, norteamericanos de la OTAN, turistas de todas las nacionalidades, los mismos napolitanos. ¿Cómo se podía resistir en aquel lugar de desorden y peligro, en los suburbios, en el centro, en las colinas, al pie del Vesubio? Qué fea impresión me había causado San Giovanni a Teduccio, el viaje para llegar hasta allí" [pág. 24].

"Había sido demasiado miserable, demasiado acuciada por la obligación de destacar en los estudios. Al cine había ido poco o nada. Nunca había comprado discos como me hubiera gustado. No había sido fan de ningún cantante, no había ido corriendo a ningún concierto, no había coleccionado autógrafos, nunca me había emborrachado, el poco sexo que había practicado había sido con disgusto, a escondidas, atemorizada. Aquellas muchachas, sin embargo, quien más, quien menos, debieron de criarse con más bienestar, y a la actual muda de piel habían llegado más preparadas que yo, quizás sentían su presencia en aquel lugar, en aquel ambiente, no como un descarrío sino como una elección adecuada y urgente. Ahora que tengo algo de dinero, pensé, ahora que a saber cuánto ganaré, puedo recuperar alguna de las cosas perdidas. O quizá no, quizá ya era demasiado culta, demasiado ignorante, demasiado contenida, estaba demasiado habituada a enfriar la vida almacenando ideas y datos, demasiado próxima al matrimonio y al acomodo definitivo, en una palabra, obtusamente demasiado formada dentro de un orden que allí parecía superado. Este último pensamiento me horrorizó. Vete ahora mismo de aquí, me dije, cada gesto, cada palabra es una afrenta al esfuerzo que he hecho. Pero me colé en el aula repleta" [pág. 73].

"- Leí tu libro, es bonito, hay que tener valor para escribir esas cosas.
Me puse tensa.
- ¿Qué cosas?
- Las que haces en la playa. 
- No las hago yo, las hace el personaje.
- Sí, pero las contaste muy bien, Lenù, tal como pasan, con esa suciedad. Son secretos que se saben únicamente si se es mujer. [...]
Pero sobre todo se me quedó grabado el hecho de que en la suciedad de mi relato había reconocido la suciedad de su propia experiencia". [pág. 97].

"Trabajaban duramente, ya se sabía. Y al menos Enzo, en la fábrica, seguramente tenía ante los ojos a alguna obrera no menos derrengada que Lila por el esfuerzo, las humillaciones y las obligaciones domésticas. Sin embargo, ahora, los dos se ensombrecían por las condiciones en las que trabajaba ella, no podían tolerarlo. A los hombres había que ocultárselo todo. Preferían no saber, preferían fingir que lo que ocurría bajo las órdenes del patrón, milagrosamente no le ocurría a la mujer a la que querían y a la que -esa era la idea con la que se habían criado- debían proteger aun a costa de su vida. Ante aquel silencio Lila se enfadó todavía más.
- A tomar por culo -dijo-, vosotros y la clase obrera". [pág. 135]

"-Ustedes los profesores insisten tanto en los estudios porque con eso se ganan el pan, pero estudiar no sirve para nada, ni siquiera para mejorar, al contrario, hace a la gente aún más mala.
- ¿Elena se ha vuelto más mala?
- No, ella no.
- ¿Cómo es eso?
Lila le encasquetó a su hijo el gorro de lana.
- De niñas hicimos un pacto: la mala soy yo". [pág. 158]

"Me perdí detrás de Enzo que podía decir con orgullo, "sin ella no podría hacerlo", y nos comunicaba así un amor muy devoto, era evidente que le gustaba recordarse a sí mismo y a los demás lo extraordinario de su mujer, mientras que mi marido no me elogiaba nunca, al contrario, me convertía en madre de sus hijos, quería que a pesar de haber estudiado, yo no fuera capaz de pensar de forma autónoma, me humillaba humillando mis lecturas, lo que me interesaba, mis opiniones, y parecía dispuesto a amarme con la condición de demostrar continuamente mi nulidad" [págs. 337-338]. 

"-¿Y? -me dijo-. ¿Has felicitado a Elisa? ¿Se duerme bien en casa de Marcello? ¿Estás contenta que la vieja bruja haya cumplido sesenta años?
-Si mi hermana lo quiere así -respondí nerviosa-, ¿qué puedo hacer yo, partirle la cabeza?
-¿Lo ves? En los cuentos se hace lo que se quiere y en la vida real se hace lo que se puede". [pág. 389]

"Me acordé de la resistencia que había mostrado Antonio cuando lo dejé. Pero Antonio era un muchacho, había heredado la cabeza débil de Melina y, sobre todo, no había recibido la misma educación que Pietro, no lo había formado desde la niñez para identificar reglas en el caos. Tal vez, pensaba, yo le había atribuído una importancia exagerada al uso cultivado de la razón, a las buenas lecturas, al buen dominio de la lengua, a la afiliación política; tal vez, frenta al abandono seamos todos iguales; tal vez ni siquiera una cabeza bien ordenada puede aguantar al descubrir que no es amada". [págs. 469-470].

Valoració: 5/5. Genial Ferrante. Barreja lluita obrera, el descobriment del moviment feminista amb uns personatges que han crescut amb tu, i que s'han d'enfrontar ara a la violència i el pes de la vida adulta.     


diumenge, 19 d’abril del 2026

Un mal nombre

 Ferrante, Elena, Un mal nombre

[títol original: Storia del nuovo cognome; trad. Celia Filipetto, 2012]



"Desde niñas habíamos visto a nuestros padres zurrar a nuestras madres. Nos habíamos criado pensado que un desconocido no debía rozarnos siquiera, pero que nuestro padre, nuestro novio y nuestro marido podían darnos bofetadas cuando quisieran, por amor, para educarnos, para reeducarnos. Por lo tanto, desde que Stefano no era el odioso Marcello sino el joven al que había dicho querer muchísimo, el joven con el que se había casado y con el que había decidido vivir para siempre, debía asumir hasta el fondo la responsabilidad de su elección. Sin embargo, no todo cuadraba. A mis ojos, Lila era Lila, no una mujer cualquiera del barrio. Tras recibir un sopapo del marido, nuestras madres no adoptaban esa expresión de tranquilo desprecio que mostraba ella. Se desesperaban, lloraban, se enfrentaban a su hombre con cara de pocos amigos, lo criticaban a sus espaldas y, pese a todo, quien más quien menos, seguían apreciándolo (mi madre, por ejemplo, admiraba sin medias tintas los tejemanejes marrulleros de mi padre). Pero Lila exhibía una sumisión sin respeto [pág. 61].

"-Solo era cuestión de dinero, Lila. Hoy todo ha cambiado, eres mucho más hermosa que la muchacha vestida de verde.
Pero pensé: No es cierto, estoy mintiendo. Había algo malvado en la desigualdad, y ahora lo sabía. Actuaba en profundidad, cavaba más allá del dinero. No bastaban la caja registradora de las dos charcuterías y tampoco la de la fábrica de zapatos o la de la tienda de zapatos para ocultar nuestros orígenes. Lila misma, aunque hubiera sacado del cajón más dinero del que ya sacaba, aunque hubiese sacado millones, treinta o incluso cincuenta, no lo habría conseguido. Me había dado cuenta y, por fin, había algo que sabía mejor que ella; no lo había aprendido en aquellas calles, sino en la puerta del colegio, al observar a la chica que iba a buscar a Nino. Ella era superior a nosotras, así, sin proponérselo. Y eso resultaba insoportable" [pág. 147].

"-Siempre tengo que demostrar que puedo ser mucho mejor. -Y añadió sombría-: Cuando abrimos esta tienda, Stefano me enseñó cómo engañar con el peso; yo, al principio, le grité: Eres un ladrón, es así como ganas dinero; después no supe resistirme, le demostré que había aprendido y enseguida me inventé mis propios trucos para engañar y se los enseñé, y siempre se me ocurren otros nuevos; os engaño a todos, engaño en el peso y en mil cosas más, engaño al barrio, no te fíes de mi, Lenù, no te fíes de lo que hago y digo" [pág. 169].

"Nosotras, las chicas, cuando un tipo no se fijaba mucho en nosotras, solíamos decir que no era hombre. ¿Lo era Enzo o no lo era? Yo no entendía nada de ciertas interioridades oscuras de los varones, ninguna de nosotras entendía nada, de manera que ante cualquiera de sus manifestaciones confusas recurríamos a aquella fórmula. Algunos como los Solara, como Pasquale, como Antonio, como Donato Sarratore, incluso como Franco Mari, mi novio de la Escuela Normal, nos querían con las más variadas tonalidades -agresivas, sumisas, despistadas, atentas- pero nos querían sin lugar a duda. Otros como Alfonso, como Enzo, como Nino, eran -según tonalidades asimismo variadas- de un comedimiento distante, como si entre nosotras y ellos hubiese un muro y el esfuerzo por escalarlo fuera tarea nuestra [pág. 431]. 

"Dimos un largo paseo. Nos besamos, nos abrazamos en el paseo a orillas del Arno, le pregunté, medio en serio medio en broma si quería colarse en mi habitación. Dijo que no con la cabeza, me besó otra vez con pasión. Entre él y Antonio había bibliotecas enteras, pero se parecían" [pág. 512].

Valoració: 5/5. Ferrante no decepciona. Entres de ple en l'univers dels barris populars de Nàpols. Estimes els seus personatges, els veus, gairebé els tens a tocar. 


divendres, 23 de gener del 2026

L'Amiga Genial

 Ferrante, Elena, L'amiga genial

(títol original: L'amica geniale, trad. Marta Hernández Pibernat, 2011).



"No enyoro la nostra infància, està plena de violència. Ens passava de tot, a casa i a fora, cada dia, però no recordo haver pensat mai que la vida que ens havia tocat fos especialment desagradable. La vida era així i prou, creixíem amb l'obligació de fer-la difícil als altres abans que els altres ens la fessin difícil a nosaltres. Esclar que m'haurien agradat les maneres amables que aconsellaven la mestra i el rector, però sentia que aquelles maneres no eren adequades per al nostre barri, encara que fossis una noia. Les dones es barallaven entre elles més que els homes, s'agafaven pels cabells, es feien mal. Fer mal era una malaltia" [pàg. 39].

"En conseqüència, allò d'haver adquirit ja des de quart, el meu primer curs a l'institut, una certa fama de bona estudiant aviat em va deixar de semblar cap gran cosa. Al capdavall, ¿què demostrava? Sobretot demostrava fins quin punt havia sigut fructífer estudiar amb la Lila i conversar-hi, tenir-la d'estímul i suport per endinsar-me en aquell món de fora del barri, entre les coses i les persones i els paisatges i les idees dels llibres" [pàg. 278].

"Necessitava expressar-me, tenia el cap ple fins dalt. Recorria a la Lila, especialment quan a l'escola hi havia vacances. Ens trobàvem, xerràvem en confiança. Li parlava amb tot detall de classes, dels professors. Ella m'escoltava amb atenció, i jo esperava que se sentís encuriosida i tornés a la fase en què en secret o sense amagar-se anava corrents a aconseguir els llibres que li permetien passar-me al davant. Però no ho va fer mai. Era com si una part d'ella subjectés amb fermesa les regnes de l'altra part. En canvi, aviat va sorgir una tendència seva a fer llargues intervencions, en general amb ironia" [pàg. 394].

"La mestra [...] es va posar a parlar de la Lila. L'havia vist pel carrer, de lluny. Era amb el promès, va dir, el xarcuter. Llavors va afegir una frase que recordaré sempre: 
- La bellesa que la Cerullo tenia al cap des de petita no ha trobat sortida, Greco, i li ha acabat tota a la cara, al pit, a les cuixes i al cul, llocs d'on desapareix aviat i és com si no l'haguessis tingut mai" [pàg. 421].

""Saps què és la plebs?". "Sí, sí senyoreta." Què era la plebs ho vaig saber en aquell moment, i amb molta més claredat que quan la senyoreta Oliviero m'ho havia preguntat feia anys. La plebs érem nosaltres, la plebs era aquell disputar-se el menjar i el vi, aquell barallar-se per saber a qui se servia primer i millor, aquell terra fastigós per on els cambrers passaven i tornaven a passar, aquells brindris cada cop més vulgars. La plebs era la meva mare, que havia begut i ara es deixava anar amb l'esquena contra l'espatlla del meu pare, que estava seriós, i reia amb la boca oberta de bat a bat per les al·lusions sexuals del comerciant de metall. Reien tots, fins la Lila, amb l'aspecte de qui té un paper i l'interpreta fins el final". [pàgs. 507-508].  

 Valoració: 5/5. La saga promet. Impossible només llegir el primer. 

 


divendres, 7 de novembre del 2025

Gent normal

 Rooney, Sally, Gent normal

(títol original: Normal people, trad. Ernest Riera, 2018).



"L'any passat la Marianne es va discutir amb el professor d'Història, el senyor Kerrigan, perquè la va enxampar mirant per la finestra durant la classe; cap dels seus companys li va fer costat. A ella li semblava una bogeria tan evident, haver-se de posar una disfressa cada matí i que la fessin anar en ramat tot el dia per l'interior d'un edifici enorme, i que ni tan sols se li permetés mirar cap on ella volia, fins i tot el moviment dels seus ulls quedava sotmès a la jurisdiscció de les regles de l'institut, No aprendràs res si t'estàs tota l'estona mirant per la finestra, li va dir el senyor Kerrigan" [pàg. 25].

"Per a ell, la beca és un fet material enorme, com unn creuer gegant que ha aparegut del no-res, i tot d'una pot fer uns postgrau gratuïtament, si vol, i viure a Dublín gratis, i no tornar a pensar mai més en el lloguer fins que acabi l'universitat. Tot d'una es pot passar una tarda a Viena mirant-se L'art de la pintura de Vermeer, i a fora fa calor, i si vol, després es pot pagar un got de cervesa barata ben fresca. És com si una cosa que tota la vida havia donat per suposat que era només un decorat s'hagués descobert que era real: les ciutats estrangeres existeixen, i les obres d'art famoses, i les xarxes subterrànies de metro, i les restes del mur de Berlín. Això són els diners, la substància que fa que el món sigui real. És una cosa tan corrupta i tan sexi alhora" [pàg. 186].

"Jauen de costat sota el cobrellit. En Connell és conscient que ara, si volgués, podria follar amb ella. Ella no ho explicaria a ningú. En Connell ho troba extranyament reconfortant, i es permet pensar com aniria. Ei, li diria en veu baixa. Estira't d'esquena, d'acord? I ella s'estiraria d'esquena, obedient. Hi ha tant secrets entre les persones. Quina mena de persona seria ell, si passés això? Algú molt diferent? O exactament la mateixa persona, ell mateix, sense cap diferència en absolut?
Al cap d'una estona, sent que ella diu alguna cosa que no entén. No ho he sentit, diu ell. 
No sé què em passa, diu la Marianne. No sé per què no puc ser com la gent normal. 
La seva veu sona estranya, freda i distant, com si fos una gravació reproduïda quan ella no hi és o se n'ha anat a un altre lloc.
En quin sentit?, diu ell. 
No sé per què no puc fer que la gent m'estimi" [pàg. 208].

"Ja fa setmanes que té aquesta sensació, la sensació de bellugar-se per l'interior d'una pel·lícula protectora, de flotar com mercuri. El món exterior li toca la pell exterior, però no pas l'altra part d'ella mateixa, la interior. Per tant, sigui quina sigui la raó per la qual en Lukas ha dit "arribes d'hora", a la Marianne no li importa gens, li és completament igual.
A dalt en Lukas prepara l'equip. La Marianne es treu la gorra i la sacseja. En Lukas aixeca el cap, es torna a mirar el trípode. Ja t'hi acostumes, al temps?, pregunta. Ella penja la gorra darrere la porta i arronsa les espatlles. Es comença a treure l'abric. A Suècia tenim una dita, comenta ell. No existeix el mal temps, només la mala roba" [pàg. 217].

"Al funeral, al mes de gener, tothom havia dit que en Rob era una gran persona, plena de vida, un fill devot, i etcètera. Però també era una persona molt insegura, obsessionada amb la popularitat, i la seva desesperació l'havia fet cruel. No pas per primera vegada, la Marianne pensa que la crueltat no tan sols fa mal a la víctima, sinó també al perpetrador, i potser d'una manera més profunda i més permanent. No aprens res de gaire profund sobre tu mateix, quan et fan bullying; però quan en fas a algú altre, aprens una cosa que no pots oblidar mai" [pàg. 256].





dijous, 19 de setembre del 2024

Nubosidad variable

 Martín Gaite, Carmen, Nubosidad variable

(1992)



"Crecer es empezar a separarse de los demás, claro, reconocer esa distancia y aceptarla. El entusiasmo de aquellos encuentros juveniles con personas que despertaban nuestro interés se basaba en qué dábamos por supuesta una permeabilidad continua entre nuestra vida y la de ellos, entre nuestros problemas y los de ellos, parecía posible la anexión. Es cierto que aún se dan momentos en que surge esa ilusión de permeabilidad, pero son momentos extraordinarios y fugaces, a los que no se puede pedir continuidad, vigencia permanente. Yo de jovencita -y a ti te pasaba lo mismo- estaba segura de que las gentes que me querían nunca se iban a desentender de mí, que mi vida era indispensable para la suya. Pero, en el fondo, lo que quería es que no me dejaran nunca de necesitar. Pues no. Luego ves que no, y además es mejor que nadie te necesite mucho" [pág. 57].

"Es lo típico de las situaciones de empantanamiento, ya lo sé muy bien: se impone una inercia que te empuja a hacer exactamente lo contrario de aquello que te conviene" [pág. 102].

"-Sí, son rachas. De pronto me encuentro muy bien. Y con ánimos. El alma humana se parece a las nubes. No hay quien la coja quieta en la misma postura.
- Pues hija, si ya lo sabe, déjela a su aire y no se ande inventando cepos para cazarla. ¡Qué vicio!
- Es un vicio, tiene razón. A ver si aprendo.
- Y ya le digo, nada de infiernos ni de culpas. Las mujeres para pasarlo bien en la cama estamos en la mejor edad rondando los cincuenta, que ya no anda una  con miedos de nada. Mi marido será todo lo bestia que usted quiera, que burro es muy burro el Elías, pero eso por lo menos lo comprende. Y si el suyo no lo entiende, pues búsquese otro por ahí y santas pascuas [pág. 126].

"-Me gustaría saber si ha habido algún Guillermo en su vida. ¿Por qué tú me lo puedes contar y ella no?
- Muy fácil. Porque no soy tu madre. Yo no te cargo con la responsabilidad de mis historias. Ni las suyas son un fardo para mí. Por mucho que nos queramos" [pág. 168].

"De todos los pozos se puede salir -leo-cuando se enciende la curiosidad por saber lo que estará pasando fuera mientras uno se hunde" [pág. 382].



dijous, 4 d’abril del 2024

El noi sense color i els seus anys de pelegrinatge

 Murakami, Haruki, El noi sense color i els seus anys de pelegrinatge

(títol original: Shikisai wo motonai Tazaki Tsukuru to, kare no junrei no toshi; trad: Jordi Mas López, 2013).


"Entre el juliol de quan feia segon a la universitat i el gener de l'any següent, en Tsukuru Tazaki va viure pensant gairebé només en la mort" [pàg. 7. Així comença la novel·la].

"Així mateix, amb l'excepció d'en Tsukuru Tazaki, es donava la causalitat que tots compartien una característica una mica anecdòtica: els seus cognoms conteniuen un color. Això va fer que, des del principi, en Tsukuru se sentís una mica diferent" [pàg. 12].

"-Encara que aconsegueixis amagar els records, que els enterris ben profundament, no pots esborrar la manera com han marcat la teva història -li va dir mirant-lo directament als ulls-. Val més que ho tinguis ben present. La història no es pot esborrar, ni canviar. Seria com matar la persona que ets" [pàg. 41].

"No es va poder estar de preguntar-se què era, en comparació amb tot el que en Haida li havia ofert, el que ell li havia pogut oferir a canvi. ¿Qué havia deixat, ell, a aquell amic?
No va poder evitar pensar que, al capdevall, estava destinat a quedar-se sol. Tots venien on era ell i al final acabaven marxant. Tots semblaven buscar alguna cosa en en Tsukuru, però no la trobaven, o si la trobaven no els agradava, i es donaven per vençuts -o es desencantaven o s'enfadaven- i se n'anaven. Desapareixien un dia de sobte. Sense cap explicació, sense acomiadar-se'n com cal, com si amb una destral, sense fer soroll però taxativament, tallessin el cordó per on encara corria la sang calenta, que encara bategava en silenci.
Sens dubte, en ell hi havia algun problema bàsic, alguna cosa que desil·lusionava a la gent. 《En Tsukuru Tazaki, que no té color》, es deia a si mateix en veu alta. No devia tenir absolutament res per oferir a la gent, al capdavall. O, ara que hi pensava, no tenia ni tan sols res per oferir-se a si mateix" [pàgs. 115-16].

"-Quan es van acabar aquells cinc mesos feia una cara força diferent. El cos també m'havia canviat, fins al punt que no em podia posar gairebé res del que portava abans. Quan em veia al mirall, tenia la sensació que m'havien ficat dins del cos d'una persona que no era jo. Pot ser, senzillament, que tot això coincidís amb un moment de la vida en què s'havien de produir aquests canvis, és clar, que m'hagués arribat l'hora de perdre el seny i que la cara i el cos em canviessin radicalment. Però el que ho va desencadenar tot va ser que m'expulséssiu del grup. El que va passar em va convertir en una persona totalment diferent" [pàg. 261].

"En aquell moment, per fi, , va aconseguir acceptar-ho tot. En Tsukuru Tazaki va entendre què hi havia al fons de l'ànima. No solament l'harmonia unia el cor de les persones, sinó també les seves ferides, el seu dolor, les seves debilitats. No hi havia cap silenci que no contingués crits de dolor, cap soledat sense sang vessada, cap guany que no passés per una pèrdua dolorosa. Aquella era l'arrel de l'autèntica harmonia" [pàg. 276]. 





dissabte, 2 de setembre del 2023

Hannah Arendt

 Adler, Laure, Hannah Arendt

(títol original: Dans le pas de Hannah Arendt; trad. d'Isabel Margelí, 2005)


《Su única patria fue inmaterial: fue las amistades que construyó a lo largo de toda su vida, como un arquitecto sabe construir unna casa donde se viva bien》[pàg. 40].


diumenge, 24 de juliol del 2022

Nada

 Carmen Laforet, Nada

(Barcelona, 1945)

《- ¡Barcelona! Tan soberbia y tan rica y sin embargo, ¡qué dura llega a ser la vida ahí! -dijo pensativo.
》Me lo decía como una confesión y me sentí súbitamente conmovida, porque creí que se refería a su grosería de un momento antes. Una de las pocas cosas que en aquel tiempo estaba yo capacitada para entender era la miseria en cualquier aspecto que se presentase: aun bajo la buena tela y la camisa de hilo de Gerardo... 》[pág. 170].

《En aquel momento me volvió a besar con suavidad. Tuve la sensación absurda de que me corrían sombras por la cara como en un crepúsculo y el corazón me empezó a latir furiosamente, en una estúpida indecisión, como si tuviera la obligación de soportar aquellas caricias. Me parecía que a él le sucedía algo extraordinario, que súbitamente se había enomorado de mí. Porque entonces era lo suficientemente atontada para no darme cuenta de que aquel era uno de los infinitos hombres que nacen sólo para sementales y junto a una mujer no entienden otra actitud que ésta. Su cerebro y su corazón no llegan a más》[pág. 171]. 

《Ena le tendió la mano y los dos se estuvieron mirando, callados. Los ojos de Ena fosforecían como los de un felino. Me empezó a entrar miedo. Era algo helado sobre la piel. Entonces fue cuando tuve la sensación de que una raya, fina como un cabello, partía mi vida y como a un vaso la quebraba》[pág. 173].

《La vida volvía a ser solitaria para mí. Como era algo que parecía no tener remedio, lo tomé con resignación. Entonces fue cuando empecé a darme cuenta de que se aguantan mucho mejor la contrariedades grandes que las pequeñas nimiedades de cada día》[pág. 175].

《Todo esto pertenecía ya al pasado (alguna vez me aterraba pensar en cómo los elementos de mi vida aparecían y se disolvían para siempre apenas empezaba a considerarlos como inmutables). Las reuniones de amigos en casa en Ena dejaron de hacerse en virtud de la sombra amenazadora del final de curso que se nos venía encima. Y ya no se habló más entre Ena y yo de la cuestión de que yo volviera a su casa》[pág. 177].

《Tienes que comprender que yo puedo escoger mis propios amigos, y Roman (yo no lo niego) me interesa muchísimo, por razones particulares y por su genialidad y...

》- Es una persona mezquina y mala.

》- Yo no busco en las personas ni la bondad ni la buena educación siquiera... aunque creo que esto último es imprescindible para vivir con ellas. Me gustan las gentes que ven la vida con ojos distintos que los demás, que consideran las cosasde otro modo que la mayoría... 》[pág. 187].

《Me parecía que de nada vale correr si siempre ha de irse por el mismo camino, cerrado, de nuestra personalidad. Unos seres nacen para vivir, otros para trabajar, otros para mirar la vida. Yo tenía un pequeño y ruin papel de espectadora. Imposible salirme de él. Imposible libertarme. Una tremenda congoja fue para mí lo único real en aquellos momentos》[pág. 243].

《Yo tuve que sonreírme. En pocos días la vida se me aparecía distinta a como la había concebido hasta entonces. Complicada y sencillísima a la vez. Pensaba que los secretos más dolorosos y más celosamente guardados son quizá los que todos los de nuestro alrededor conocen. Tragedias estúpidas. Lágrimas inútiles. Así empezaba a aparecerme la vida entonces》[pág. 279].

《Bajé las escaleras, despacio. Sentía una viva emoción. Recordaba la terrible esperanza, el anhelo de vida con que las había subido por primera vez. Me marchaba ahora sin haber conocido nada de lo que confusamente esperaba: la vida en su plenitud, la alegría, el interés profundo, el amor. De la casa de la calle de Aribau no me llevaba nada. Al menos, así creía yo entonces》[pág. 305].


dilluns, 24 de gener del 2022

Papel Mojado

 Millás, Juan José, Papel Mojado

(Madrid, 2000)



«La miré a través del vaso, mientras tomaba el primer sorbo, y pensé que qué  mayores nos habíamos hecho y qué inmaduros continuábamos. La nuestra fue una generación de indeseables que habrán de sufrir quienes nos sigan ¡Qué distancia insalvable entre lo que quisimos ser y lo que éramos! Lo grave, con todo, es que no carecimos de inteligencia, pero nos sobró orgullo o pereza» (pág. 124) 

«-Por lo que he leído en su informe novelado, no parece que usted apreciara mucho a su amigo Luis María Ruiz.
»- Eso es un error -respondí sentándome a su lado-. Es cierto que manteníamos una relación de amor-odio, pero ése es el componente normal de todas las amistades fuertes. Lo que ocurre es que yo soy capaz de confesarlo y otros no.
»-¿Qué quiere decir? -preguntó de un modo que delataba cierto gusto por la conversación.
»-Quiero decir -respondí en un tono algo profesoral -que en toda relación donde el afecto se expone demasiado hay siempre una ambivalencia difícil de reconocer. La gente dice, por lo general, "quiero a fulano" o "detesto a menguano", como si el amor y el odio fueran sentimientos unívocos. Lo que se hace, en el primer caso, es negar la parte de odio que todo sentimiento amoroso conlleva. Lo que se niega, en el segundo, es el porcentaje de amor que comporta el odio» (pág. 178).

divendres, 27 de setembre del 2019

La costilla de Adán

Manzini, Antonio, La costilla de Adán
(títol original: La costola di Adamo, trad. Regina López i Julia Osuna, 2014)



《La vejez es algo espantoso. La vejez es la venganza de los feos. Porque es una capa de barniz que mata toda belleza y reduce a zero las diferencias》 [pàg. 103].

《La miro. Se pasa la mano por la cara, me regala otra sonrisa y luego desaparece. Me quedo en el sillón, sin fuerzas para alcanzar el champán ni el mando a distancia. Siento que me hundo en un lecho de arena. Me abandono. Y pienso. Quizás morir sea eso. Cerrar los ojos y dejar que todo pase, para siempre, caer en una masa negra sin luz, dulce y cálida como el vientre de una madre, adoptar de nuevo la posición fetal, cerrar los ojos y volver a ser lo que se era antes de nacer. Una nota confusa que poco a poco armoniza con las demás...》 [pàg. 132]. 

diumenge, 1 de març del 2015

Sputnik, mi amor

Murakami, Haruki
Sputnik, mi amor
Barcelona, Tusquets, 2014
(1a ed. Supûtoniku no koibito, 1999)


«A Sumire le preocupaba seriamente cómo poder llegar a ser tan salvaje y auténtica como los personajes de los libros de Kerouak». (pág. 10)

«- Kerouak, Kerouak... ¡Ah! Ése debe ser un sputnik, ¿verdad?
Sumire no logró entender a qué venía aquello. Con el cuchillo y el tenedor suspendidos en el aire, reflexionó unos instantes. 
-¿Sputnik? ¡Pero si el Sputnik es un satélite artificial soviético, el primero que fue lanzado al espacio, en la década de los cincuenta! Y Jack Kerouak es un escritor americano. Claro que la época sí que coincide, pero....
[...] Sumire, entonces, cayó finalmente en la cuenta.
- ¡Beatnik!» (pág. 12)

«- Espera un momento -atajó Sumire después de una pequeña pausa-. ¿Tú haces siempre el amor imaginándote un pepino dentro de la nevera una tarde de verano?
- No siempre.
- ¿Pero sí a veces?
- A veces sí -reconocí.
Sumire hizo una mueca y sacudió varias veces la cabeza.
- Eres más raro de lo que pareces.
- Todos los seres humanos tenemos nuestras rarezas -repliqué yo.» (pág. 52)

«- Quizás tú no lo sepas -dijo Myû con voz calmada y depositando la copa sobre la mesa-, pero lo que tienes ante ti no es mi yo auténtico. Hace catorce años me convertí en la mitad de lo que era. ¡Hubiera sido magnífico conocerte cuando yo era enteramente yo! Pero es inútil pensar en ello ahora.» (pág. 57)

«Me veo atrapado por la clásica paradoja que conlleva la proposición: "¿Quién soy?". Si se trata de una simple cantidad de información, no habría nadie en este mundo que pudiera aportar más datos que yo. No obstante, al hablar sobre mí, ese yo de quien estoy hablando queda automáticamente limitado, condicionado y empobrecido en manos de otro que soy yo mismo en tanto que narrador -víctima de mi sistema de valores, de mi sensibilidad, de mi capacidad de observación y de otros muchos condicionamientos reales-. En consecuencia, ¿hasta qué punto se ajusta a la verdad el "yo" que retrato? Es algo que me inquieta terriblemente. Es más, me ha preocupado siempre.» (pág. 65)

«¿Sabes qué significa sputnik en ruso? En inglés sería travelling companion. Compañero de viaje. El otro día, buscando una palabra en el diccionario, lo encontré por causalidad. Bien pensado, es una extraña coincidencia. ¿Por qué pondrían los rusos un nombre tan raro a un satélite artificial? No era más que un infeliz trozo de metal que daba una vuelta tras otra, completamente solo, alrededor de la tierra.» (pág. 114)

«¿Por qué tenemos que quedarnos todos tan solos? Pensé. ¿Qué necesidad hay? Hay tantísimas personas en este mundo que esperan, todas y cada una de ellas, algo de los demás, y que, no obstante, se aíslan tanto las unas de las otras. ¿Para qué? ¿Se nutre acaso el planeta de la soledad de los seres humanos para seguir rotando?» (pág. 210).