Sputnik, mi amor
Barcelona, Tusquets, 2014
(1a ed. Supûtoniku no koibito, 1999)
«A Sumire le preocupaba seriamente cómo poder llegar a ser tan salvaje y auténtica como los personajes de los libros de Kerouak». (pág. 10)
«- Kerouak, Kerouak... ¡Ah! Ése debe ser un sputnik, ¿verdad?
Sumire no logró entender a qué venía aquello. Con el cuchillo y el tenedor suspendidos en el aire, reflexionó unos instantes.
-¿Sputnik? ¡Pero si el Sputnik es un satélite artificial soviético, el primero que fue lanzado al espacio, en la década de los cincuenta! Y Jack Kerouak es un escritor americano. Claro que la época sí que coincide, pero....
[...] Sumire, entonces, cayó finalmente en la cuenta.
- ¡Beatnik!» (pág. 12)
«- Espera un momento -atajó Sumire después de una pequeña pausa-. ¿Tú haces siempre el amor imaginándote un pepino dentro de la nevera una tarde de verano?
- No siempre.
- ¿Pero sí a veces?
- A veces sí -reconocí.
Sumire hizo una mueca y sacudió varias veces la cabeza.
- Eres más raro de lo que pareces.
- Todos los seres humanos tenemos nuestras rarezas -repliqué yo.» (pág. 52)
«- Quizás tú no lo sepas -dijo Myû con voz calmada y depositando la copa sobre la mesa-, pero lo que tienes ante ti no es mi yo auténtico. Hace catorce años me convertí en la mitad de lo que era. ¡Hubiera sido magnífico conocerte cuando yo era enteramente yo! Pero es inútil pensar en ello ahora.» (pág. 57)
«Me veo atrapado por la clásica paradoja que conlleva la proposición: "¿Quién soy?". Si se trata de una simple cantidad de información, no habría nadie en este mundo que pudiera aportar más datos que yo. No obstante, al hablar sobre mí, ese yo de quien estoy hablando queda automáticamente limitado, condicionado y empobrecido en manos de otro que soy yo mismo en tanto que narrador -víctima de mi sistema de valores, de mi sensibilidad, de mi capacidad de observación y de otros muchos condicionamientos reales-. En consecuencia, ¿hasta qué punto se ajusta a la verdad el "yo" que retrato? Es algo que me inquieta terriblemente. Es más, me ha preocupado siempre.» (pág. 65)
«¿Sabes qué significa sputnik en ruso? En inglés sería travelling companion. Compañero de viaje. El otro día, buscando una palabra en el diccionario, lo encontré por causalidad. Bien pensado, es una extraña coincidencia. ¿Por qué pondrían los rusos un nombre tan raro a un satélite artificial? No era más que un infeliz trozo de metal que daba una vuelta tras otra, completamente solo, alrededor de la tierra.» (pág. 114)
«¿Por qué tenemos que quedarnos todos tan solos? Pensé. ¿Qué necesidad hay? Hay tantísimas personas en este mundo que esperan, todas y cada una de ellas, algo de los demás, y que, no obstante, se aíslan tanto las unas de las otras. ¿Para qué? ¿Se nutre acaso el planeta de la soledad de los seres humanos para seguir rotando?» (pág. 210).

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