dijous, 19 de setembre del 2024

Nubosidad variable

 Martín Gaite, Carmen, Nubosidad variable

(1992)



"Crecer es empezar a separarse de los demás, claro, reconocer esa distancia y aceptarla. El entusiasmo de aquellos encuentros juveniles con personas que despertaban nuestro interés se basaba en qué dábamos por supuesta una permeabilidad continua entre nuestra vida y la de ellos, entre nuestros problemas y los de ellos, parecía posible la anexión. Es cierto que aún se dan momentos en que surge esa ilusión de permeabilidad, pero son momentos extraordinarios y fugaces, a los que no se puede pedir continuidad, vigencia permanente. Yo de jovencita -y a ti te pasaba lo mismo- estaba segura de que las gentes que me querían nunca se iban a desentender de mí, que mi vida era indispensable para la suya. Pero, en el fondo, lo que quería es que no me dejaran nunca de necesitar. Pues no. Luego ves que no, y además es mejor que nadie te necesite mucho" [pág. 57].

"Es lo típico de las situaciones de empantanamiento, ya lo sé muy bien: se impone una inercia que te empuja a hacer exactamente lo contrario de aquello que te conviene" [pág. 102].

"-Sí, son rachas. De pronto me encuentro muy bien. Y con ánimos. El alma humana se parece a las nubes. No hay quien la coja quieta en la misma postura.
- Pues hija, si ya lo sabe, déjela a su aire y no se ande inventando cepos para cazarla. ¡Qué vicio!
- Es un vicio, tiene razón. A ver si aprendo.
- Y ya le digo, nada de infiernos ni de culpas. Las mujeres para pasarlo bien en la cama estamos en la mejor edad rondando los cincuenta, que ya no anda una  con miedos de nada. Mi marido será todo lo bestia que usted quiera, que burro es muy burro el Elías, pero eso por lo menos lo comprende. Y si el suyo no lo entiende, pues búsquese otro por ahí y santas pascuas [pág. 126].

"-Me gustaría saber si ha habido algún Guillermo en su vida. ¿Por qué tú me lo puedes contar y ella no?
- Muy fácil. Porque no soy tu madre. Yo no te cargo con la responsabilidad de mis historias. Ni las suyas son un fardo para mí. Por mucho que nos queramos" [pág. 168].

"De todos los pozos se puede salir -leo-cuando se enciende la curiosidad por saber lo que estará pasando fuera mientras uno se hunde" [pág. 382].



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