D.Riezu, Marta, Agua y jabón
(Anagrama, 2022)
"Para que la sociedad sea posible, decía André Maurois, es imprescindible que la humanidad aprenda a amar. Esto se aprende, sobre todo, por el amor materno. "Gracias a él uno sabe que el mundo no es por completo hostil, que hay seres en quienes puede tenerse una confianza plena. Es una enorme ventaja moral haber comenzado así la vida. Los optimistas que a pesar de las desgracias conservan hasta el fin su fe fueron, por lo general, educados por una buena madre"" [pág. 48].
"Desde que cumplí los treinta, mi palabra favorita es tranquilidad" [pág. 53].
"Hasta el siglo XVII animales y hombres fueron compañeros. Cuando la filosofía separó cuerpo y espíritu, los animales pasaron a ser criaturas sin alma: un mero modelo mecánico, sin personalidad ni secretos. ¿En qué momento se nos ocurrió hacer caso a Descartes en lugar de a Pitágoras? [pág. 61].
"En la biblioteca de mi padre, interesado en historia, había una pequeña sección dedicada a la Segunda Guerra Mundial. Apenas había aprendido a leer, pero me dejaban curiosear los libros con total libertad.
Esa casa de mi infancia tenía un papel de estraza a modo de mantel en la mesa del comedor, para poder dibujar. Mi madre andaba por la cocina y yo procedía en completo silencio (nota mental: jamás confiar en un niño en completo silencio) cuando llegó mi hermano de entreno y se encontró el papel de estraza lleno de esvásticas temblorosas, mal hechas, disparadas hacia todas las direcciones, como las que grafitean en las paredes los boneheads. Mi hermano se aterrorizó, luego se echó a reir, plegó muy rápido el papel y me dijo: esto hay que eliminarlo.
Imaginen mi desconcierto. Pero, por qué, preguntaba yo. Si pintaba tortugas, camellos, árboles, niños de perfil, por qué no podía dibujar eso que salía en aquellos libros de la biblioteca. Es algo malo, me dijo mi hermano. Lección: lo perverso tiene un imán invisible" [pág. 77].
"Con la edad uno pule su relación con lo inútil. No sólo entiende su importancia, sino su papel redentor. Ante el horroroso afán de lo rentable, elijo caminar del bracete con lo que no tiene valor. Ese rato mirando por la ventana, ordenando los discos, limpiando con cariño la bicicleta o haciendo el muerto en el mar; ese rato que no se puede pesar ni medir favorece un estado mental en el que el mundo simplemente nos acepta siendo, sin tener que demostrar nada" [pág. 91].
"Sé que me gusta mucho un restaurante cuando, quizás en el segundo plato aún, ya estoy planeando la siguiente visita. El síntoma más primario de la felicidad es desear la repetición" [pág. 111].
"... mi joya de la corona, , un tanatorio que no te hundiría en la miseria (Acompañamientos Riezu). En él, todas las estancias tendrían luz natural, sofás con tapicerías Kvadrat, lámparas de Anastassiades, salida a un jardín, biblioteca y chimenea. Se invitaría a poner la música preferida del muerto o su peli favorita, para verla todos junto a él. Los animales de compañía serían bienvenidos, y el tanatorio estaría lleno de perros y canarios y tortugas moviéndose lentamente. Cada familia tendría a un asistente espabiladísimo que haría todo el papeleo mientras uno anda perdido en el dolor, y también un filósofo de guardia, y muchos rincones cómodos donde estar solo sin ser molestado" [pág. 195].
"Alemán. Idioma sagacísimo -perfecto para hundir al otro en la miseria con gran pulcritud- y estructurado ferrovialmente, uniendo vagones de palabras. Ejemplo: Backpfeifengesicht (cara merecedora de un tortazo)" [pág. 202].
"Éxito. Cada vez que un escritor se queje del poco caso que le hacen le hablaré de los veinte años de aduanero en el puerto de Nueva York de Herman Melville" [pág. 213].

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