Martin Buber
¿Qué es el hombre?
México: FCE, 1995
(1a ed. 1942)
«Se cuenta del rabino Bunam de Przysucha, uno de los últimos grandes maestros del jasidismo, que habló así una vez a los discípulos: "Pensaba escribir un libro cuyo título sería Adán, que habría de tratar del hombre entero. Pero luego reflexioné y decidí no escribirlo"» (p. 11, inici del llibre)
«Podemos distinguir en la historia de espíritu humano épocas en que el hombre tiene aposento y épocas en que está a la intemperie, sin hogar» (p. 24)
«El hombre agustiniano se asombra de aquello que en el hombre no se puede comprender como parte del mundo, como una cosa entre las cosas» (p. 28)
«La pregunta rigurosamente antropológica que alude al hombre en su problemática genuina se deja oír en épocas en que parece como si se rescindiera el pacto primero entre el mundo y el hombre y éste se encontrara en ese mundo como un extranjero y un solitario» (p. 33)
«La soledad de Pascal es, en efecto, históricamente posterior a la de San Agustín; es más completa y más difícil de superar. Y de hecho se produce algo nuevo, que no se había presentado nunca: se trabaja en la construcción de una nueva imagen del mundo, pero ya no se construye una nueva mansión cósmica» (p. 34)
«En la actualidad, la seguridad en el caos ordenado ha sufrido un terrible cambio histórico. Ya se acabó el sosiego, ya asomó un nuevo pánico antropológico y la cuestión acerca de la esencia del hombre se yergue de nuevo ante nosotros con un tamaño y un espanto nunca vistos y no ya revestida con un ropaje filosófico sino en la cruda desnudez de la existencia. No hay ninguna garantía dialéctica que pueda evitar el derrumbe del hombre; sólo de él depende si tendrá fuerza para levantar el pie y dar ese paso que lo aleje del abismo. La fuerza para dar ese paso no puede provenirle de ninguna seguridad del futuro sino de esas honduras de la inseguridad en las que el hombre, presa desesperación, responde a la pregunta por la esencia del hombre mediante su resuelta decisión» (p. 53)
«Todo lo que en este discurrir de Nietzsche resulta respuesta es falso» (p. 61)
«[Nietzsche] "Negamos que se pueda hacer algo perfecto mientras se haga conscientemente"» (p. 69)
«Para la filosofía que sigue a Nietzsche el hombre ya no es una mera especie sino una categoría» (p. 70)
«Ha sido imposible restaurar la seguridad perdida; la creciente soledad es tan solo adormecida» (p. 76)
«Cuantas veces el hombre vuelve a su remanso, a la realidad genuina de su vida, percibo pronto la sima de su soledad y en ella experimenta, al encararse con el fondo mismo de su existencia, toda la hondura de la problemática humana» (p. 76)
«Con espanto creciente fue dándose cuenta el hombre en la primera Guerra Mundial y, ciertamente, a los dos lados de la trinchera, que se hallaba entregado a potencias inabordables que, si bien parecían guardar relación con la voluntad de los hombres, se desataban de continuo, se burlaban de todos los propósitos humanos y traían consigo la destrucción de todos. Así se encontró el hombre frente al hecho más terrible: era como el padre de unos demonios que no podía sujetar. Y la cuestión por el sentido que podía tener este equívoco poder e impotencia desembocó en la pregunta por la índole del hombre, que cobra ahora una significación nueva y terriblemente práctica» (p. 77-78)
«El pensamiento no puede legitimarse a sí mismo sino que esta corroboradora legitimación le viene siempre desde la existencia del hombre que piensa» (p. 82)
«La fe es una relación viva con lo vivido» (p. 83)
«El hombre no puede hacerse enteramente hombre mediante su relación consigo mismo sino gracias a su relación con otro "mismo" (Selbst)» (p. 93)
La idea que «únicamente la Existencia que se "rescata" de su disipación en el das Man llega a ser "ella misa"» es una «idea gnóstica con la que los gnósticos daban a entender la recolección y salvación del alma perdida en el mundo» (p 102)
Sobre el nosotros esencial: «éste es el campo donde el hombre se libera realmente del das Man. No es la separación lo que no redime verdaderamente del "Se" sino la unión genuina» (p. 106)
«Cada una de las tres relaciones vitales esenciales ha encontrado su perfección y transfiguración, la relación con las cosas en el arte, con los hombre en el amor, con el misterio en la vida religiosa» (p. 111)
«Únicamente cuando tratamos de abarcar a la persona humana en toda su situación, en todas sus posibilidades de relación con todo lo que no es ella, únicamente entonces podemos captar al hombre» (p. 113)
«Mi manera de pensar sobre las cosas supremas había sufrido un giro radical durante la primera Guerra Mundial [...] También durante la guerra había tenido él [Scheler] una experiencia decisiva que se tradujo en la convicción de la radical y esencial impotencia del espíritu» (p. 119)
Ojo! Critíca la versió de la creació ex nihilo titllant-la de «versión descarriada de una creación de la nada» elaborada por «una teología tardía». «El relato bíblico no conoce la idea de la nada» (p. 124)
«Los impulsos escuchan al espíritu para no perder el enlace con las ideas, y el espíritu escucha a los impulsos para no perder el contacto con las potencias primeras» (p. 127)
«El dolor y cualquier suceso real del alma, no es en modo alguno comparable a un espectáculo sino, más bien, a los misterios antiguos, cuyo sentido no conocía más que el iniciado, el que tomaba parte en la danza» (p. 130)
«El espíritu comienza como impulso, como impulso a la palabra, es decir, como el impulso a estar junto con los demás en un mundo de fluyente comunicación de imágenes que se dan y se reciben» (p. 132)
«El hombre no comienza allí donde se busca a Dios sino allí donde se padece la lejanía de Dios sin saber de qué se padece» (p. 135)
«Frente a la opinión de Scheler hay que decir que el espíritu es, en su origen, pura potencia, el poder del hombre para captar el mundo en imágenes, en música y en concepto, gracias a una íntima participación en él y a una lucha, también, con él, como si dijéramos, cuerpo a cuerpo. [...] El espíritu como ser particular aparece con el afán creciente que, no contento con sentir el mundo o jugar con él, pretende ya captarlo, surge con la pasión que trata de ordenar en el cosmos el caos experimentado. En el parpadeo deslumbrador de la luz va dibujándose la imagen, con el alboroto salvaje de la tierra se forma el cántico, en medio de la bárbara confusión de todas las cosas emerge el concepto. Así nace el espíritu como espíritu» (p. 138)
«Sólo el hombre que realiza en toda su vida y con su ser entero las relaciones que le son posibles puede ayudarnos de verdad en el conocimiento del hombre» (p. 141)
«Únicamente cuando el individuo reconozca al otro en toda su alteridad como se reconoce a sí mismo, com o hombre, y marche desde este reconocimiento a penetrar en el otro, habrá quebrantado su soledad en un encoentro riguroso y transformador [...] El hecho fundamental de la existencia humana es el hombre con el hombre [...] Más allá de lo subjetivo, más acá de lo objetivo, en el "filo agudo" en el que el "yo" y el "tú" se encuentran se halla el ámbito del "entre"» (p. 147-9)
«Una conversación de verdad, una verdadera lección, un abrazo verdadero [...]; en todos estos casos, lo esencial no ocurre en uno y otro de los participantes ni tampoco en un mundo neutral que abarca a los dos y a todas las demás cosas, sino, en el sentido más preciso, "entre" los dos, como si dijéramos, en una dimensión a la que sólo los dos tienen acceso. "Algo me pasa", y cuando digo esto me refiero a algo concreto que puede distribuirse, exactamente, entre el mundo y el alma, entre el proceso "exterior" y la impresión "interna, pero cuando yo y otro [...] "nos pasamos el uno al otro", la cuenta no se liquida como en el caso anterior, queda un resto, como un lugar donde las almas cesan y el mundo no ha comenzado todavía, y este resto es lo esencial» (p. 148)
«También el gorila es un individuo, también una termitera es una colectividad, pero el "yo" y el "tú" sólo se dan en nuestro mundo, porque existe el hombre y el yo, ciertamente, a través de la relación con el tú. La ciencia filosófica del hombre, que abarca la antropología y la sociología, tiene que partir de la consideración de este objeto: el hombre con el hombre.» (p. 150)
«Podremos aproximarnos a la respuesta de la pregunta "¿Qué es el hombre?" si acertamos a comprenderlo como el ser en cuya dialógica, en cuyo "estar-dos-en-recíproca-presencia" se realiza y se reconoce cada vez el encuentro del "uno" con el "otro". (p. 151, final del llibre)

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