de Vigan, Delphin, No y yo
(títol original: No et moi, trad. Juan Carlos Durán, 2007)
"Cuando era pequeña, quería ser un semáforo, en el mayor cruce que existiera, creía que no había nada más digno, más respetable, que regular la circulación, pasar del rojo al verde y del verde al rojo para proteger a la gente" [pág. 39].
"Ahora sé de una vez por todas que no se pueden borrar las imágenes, ni menos aún las grietas invisibles que surgen en el fondo del vientre, esas que no se borran, ni las evocaciones ni los recuerdos que despiertan cuando cae la noche o por la mañana temprano, que no se borra el eco de los gritos y, aún menos, el del silencio" [pág, 44-45].
"La mujer del bar de enfrente recogió al perro de Mouloud. Uno sí puede llevarse los perros a casa, pero a los sin techo no [...]
"Somos capaces de enviar aviones supersónicos y cohetes al espacio, de identificar a un criminal a partir de un cabello o de una minúscula partícula de piel, de crear un tomate que se conserva tres semanas en el frigirífico sin una arruga, de almacenar en un chip microscópico miles de millones de datos. Somos capaces de dejar morir a gente en la calle" [pág.70].
"- Se dice por ahí que la gente que está en la calle está rota. Al cabo de un tiempo, ya no pueden vivir normalmente.
- Me da igual lo que digan.
- Lo sé, pero...
- El problema son los peros, precisamente, pero con los peros no se hace nunca nada.
- Eres pequiñita y muy grande, Pepita, y tienes razón" [pág. 105].
"Entonces pensé en los adverbios y las conjunciones que indican una ruptura en el tiempo (de pronto, de golpe), una oposición (sin embargo, no obstante, a pesar de que) o una concesión (mientras, incluso si, aunque), solo podía pensar en eso, intentaba enumerarlos en mi cabeza, hacer un inventario, no podía decir nada, nada de nada, porque a mi alrededor todo se desvanecía, las paredes y la luz.
Entonces pensé que la gramática lo había previsto todo, los desengaños, las derrotas y los marrones en general" [pág. 156].
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